05
Apr

El DAS tena una vacante

El DAS tenía una vacante para un asesino. Estas posiciones altamente calificadas son duras de llenar y hay muchas pruebas y verificación de referencias implicadas antes de que usted pueda incluso ser considerado para la posición.

Después de evaluar a algunos aspirantes a través de las verificaciones, entrenamientos y pruebas, las opciones se redujeron a dos hombres y una mujer para la única posición disponible.

Llegó el día de la prueba final para definir quién conseguiría el trabajo. Los agentes que administraban la prueba llevaron a uno de los hombres a una puerta grande de metal y le dieron un arma.

Debemos confirmar que usted seguirá nuestras instrucciones sin importar bajo qué circunstancias. Dentro de este sitio, usted encontrará a su esposa sentada en una silla. Tome esta arma y mátela.

El hombre, con una mirada de asombro, respondió:

Usted no puede estar hablando en serio. Yo nunca podría matar a mi propia esposa.

Bien. Entonces, usted definitivamente no es la persona adecuada para este trabajo.

Así, que trajeron al segundo hombre a la misma puerta, le entregaron el arma y le explicaron los mismos parámetros de la prueba. El segundo hombre miró algo sobresaltado, pero sin embargo tomo el arma y entró al cuarto. Todo estuvo en silencio por cerca de 5 minutos, entonces la puerta se abrió. El hombre salió del cuarto con lágrimas en sus ojos y dijo:

Intenté matarla, pero simplemente no pude halar el gatillo. Supongo que no soy el hombre adecuado para el trabajo.

No, usted no tiene lo que se necesita para esto. Tome a su esposa y vaya a casa.

Ahora sólo les quedaba la mujer. La conducen a la misma puerta y le dan la misma arma.

Como prueba final, debemos estar seguros de que usted seguirá las instrucciones sin importar las circunstancias. Adentro encontrará a su marido sentado en una silla. Tome esta arma y mátelo.

La mujer tomó el arma y abrió la puerta. Antes, incluso de que la puerta se cerrara completamente, los agentes oyeron a la mujer descargar, uno por uno, cada tiro disponible en el cargador.

Entonces el mismo infierno se apoderó de aquel cuarto. Se oyeron gritos, desgarramientos, golpes en las paredes. Esto continuó por varios minutos y finalmente todo quedó en silencio. La puerta se abrió lentamente y allí estaba parada la mujer. Se limpió el sudor de la frente y dijo:

¡Mierda! No me dijeron que el arma estaba cargada con balas de salva, así que tuve que matarlo a coñazos con la silla.

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