03
Aug

Era domingo, y el zoologico

Era domingo, y el zoologico estaba lleno de visitantes. Todos querían ver la nueva adquisición del parque: un enorme gorila traído -decía el folleto explicativo- de una remota región de Africa donde nunca el hombre ha dejado huella.

Entre los que acudieron a contemplarlo se hallaba un paralítico en su silla de ruedas.

De pronto se produjo una enorme conmoción: el gorila se había enfurecido, mostraba dientes y garras en actitud de ataque y se daba tremendos golpes en el pecho. La gente retrocedía asustada.

El fiero animal empezo con sus membrudos brazos a doblar los barrotes de su jaula. Los rompió por fin, y salió de ella.

Espantada, la gente echó a correr por todas partes. El pobre paralítico también se apresuraba en su silla de ruedas, pero se iba quedando atras, casi al alcance del gorila, que corría tras de la muchedumbre.

Un guardia que acudía vio los apuros del desdichado y empezo a gritar, a fin de que la gente lo ayudara:

¡El paralítico! ¡El paralítico!

El paralitico se voltea y le grita con gran rencor al guardia:

¡Deja que el gorila escoja, hijo de la chingada!

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