Tres personas ingresan a un cabaret con el propósito de festejarle la despedida de soltero a uno de ellos, que es judÃo.
Los tres se sientan, piden algo para tomar, mientras miran detenidamente cómo una de las bailarinas baila especialmente para ellos.
De repente la bailarina se detiene, y le coloca el culo enfrente de la cara a uno de ellos, entonces éste mete la mano en el bolsillo, saca un billete de $100 y se lo calza en la bombacha.
La bailarina sigue mostrándose y de repente le pone el culo enfrente de la cara de otro, éste saca un billete de $100 de su bolsillo, lo dobla y se lo calza del otro lado de la bombacha.
La mujer, contenta, sigue bailando hasta que hace lo mismo con el judÃo, éste le observa el culo detenidamente sin hacer un sólo gesto. Sus amigos le explican que le tiene que poner plata, entonces el judÃo mete su mano en el bolsillo, saca su billetera, desenfunda la tarjeta de crédito, la pasa entre las nalgas de la chica y dice:
Retiro $200.
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Un hombre entra en una farmacia.
Por favor, deme algo fuerte para quedar bien. Porque esta noche tengo una cita con una rubia impresionante.
El farmaceutico le alarga un bote con unas pildoras y le advierte:
Tómese esto, pero cuidado que es más fuerte que la viagra, tómese dos cada tres horas como mucho y mañana ya me contará.
El hombre sale de la farmacia y acordándose de la cita que le esperaba se olvida de la dosis del farmaceutico.
¿Qué me dijo? ¿dos por hora? ¿tres? Bueno, da igual, cuantas más mejor.
Diciendo esto se tomó todo el bote. Y al dÃa siguiente lo ve el farmaceutico con el brazo en cabestrillo y le dice:
¿Qué tal anoche? ¿Dio guerra la rubia?
Calle, calle. ¡Ni se presentó!
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Se estrella un avión en las montañas y quedan tres sobrevivientes: un francés, un alemán y un mexicano.
Pasan los dÃas y ya tienen hambre. Entonces dice el francés, Yo me corto un brazo para que comamos.
Pasan los dÃas y dice el alemán, Yo me corto una pierna.
Después de unos dÃas dice el mexicano, Ni modo, ya me toca, y se baja el pantalón. El alemán y el francés exclaman ¡Oh! ahora vamos a comer salchicha con huevos.
Y contesta el mexicano A la chingada, cabrones, lechita caliente y a dormir.
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El señor gato iba manejando su auto y en eso choca con el auto del señor gallo.
El señor gato baja y dice, ¡MIUAto, MIAUto!
Y el señor gallo le responde, ¡KIKIRIquiaga!
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Un niño entra en una tienda y pide una hoja y le explica al dependiente que es para su padre, que quiere disfrazarse de Adán por carnaval y necesita la hoja para taparse.
El dependiente se la vende, pero el niño vuelve al poco rato:
Perdone usted, pero… ¿me podria dar otra más grande? Ésta no es suficiente.
Asà lo hace y el niño… vuelve al poco rato.
Perdone las molestias, pero aún no es suficentemente grande.
El dependiente le da la más grande que tiene… pero a los quince minutos vuleve a tener al niño en la tienda.
¿¡Aún no es suficiente!?
El niño dice no con la cabeza tÃmidamente. El dependiente, ya cabreado, coje una escalera, se sube a la palmera de la calle y corta una hoja y se la da al niño.
Pero… poco después… el niño vuelve a la tienda. Y entonces el dependiente le dice:
Mira niño, dile a tu padre que se ponga la polla en la boca, los huevos a la espalda y que se disfraze de buzo, ¡cojones!
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Una chava lleva a su casa a un chavo; se meten a su recámara e inmediatamente ella le sugiere que hagan el 69.
¿Qué diablos es eso?, le pregunta el chavo.
La chava, al darse cuenta de que él no tiene experiencia le explica:
Yo pongo mi cabeza entre tus piernas y tú pones la tuya entre las mÃas.
Y sin saber aún de qué estaba hablando ella, pero por no querer arruinar el momento, el chavo dice que sÃ. En el preciso instante en que los dos realizaban la posición, la chava se aventó un demoledor y apestoso pedo.
El chavo, tosiendo y arrastrándose como puede, se tira a un lado de la cama. La chava, apenada, le dice que la disculpe, que no volvera a pasar y nuevamente retoman la posición de ataque y cuando apenas iban a comenzar, otro pedo nauseabundo se le escapa a la chava.
El chavo se levanta sin decir nada, aún haciendo bizcos, y comienza a vestirse.
¿Qué te pasa, por qué te vas?
¡Si tú piensas que me voy a fletar los otros 67 estás bien loca!
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Un viejito querÃa hacer el amor, y se va a buscar a una prostituta para complacerse.
En el momento importante al viejo no se le paraba, asà que en toda su desesperación le dice a la prostituta que lo espere un momento y se va al baño del motel. En la oscuridad busca en el botiquÃn algo que le pueda solucionar el problema y encuentra una pequeña pomada. Se la aplica en la cuestión y siente que le devuelve el vigor juvenil.
El viejo vuelve a la cama y le hace el amor a la prostituta, quien a su vez queda sorprendida con el vigor del viejo. Una vez terminado todo, al viejo le entra curiosidad de saber que era lo que se habÃa echado. Se levanta, va al baño, enciende la luz y busca la pomadita mágica que decÃa:
POMADA PARA CALLOS: ¡endurece, seca, se pudre y se cae!
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En uno de sus sermones, Jesús dice a sus apóstoles:
El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.
En eso le pasa rozando la cabeza una tremenda piedra. Extrañado, descubre que una viejita fue la culpable y exclama:
¡Tú no juegas madre!
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¡Chico! ¿Qué té pasa que vas tan magullado? pregunta un ladrón a su colega.
Pues mira, que anoche entré en una casa a oscuras y la mujer la emprendió conmigo a golpes, patadas, arañazos, hasta que encendió la luz.
¿Hasta que encendió la luz?
SÃ. Entonces me dijo: ¡huy!, perdone, lo habÃa confundido con mi marido.
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Un tipo y una chica se conocieron, se enamoraron a primera vista y se casaron al dÃa siguiente sin haberse siquiera besado. Despúes de la boda, él despertó y le preguntó a su nueva esposa, ¿Qué hay para desayunar, querida?
Ella respondió, Tienes tu desayuno justo frente a ti.
Asà que él le hizo el amor de inmediato y luego se fue a trabajar. De regreso, le preguntó a su esposa, Querida, ¿qué tienes para comer?
Ella le respondió, Tienes tu comida justo frente a ti. Y el le hizo el amor otra vez.
El tipo regresó a su trabajo y en la tarde sentÃa que se morÃa de hambre. Regresó a su casa de prisa y al abrir la puerta vio a su mujer subiendo a toda carrera las escaleras y deslizándose por el pasamanos, una y otra vez…
Finalmente le preguntó, ¿Qué demonios se supone que estás haciendo?
Y ella le respondió, Estoy calentándote la cena, querido…
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