Un hombre llevaba en coma dos meses y de pronto se despierta y ve a su esposa que habÃa estado todo el tiempo junto a su cama.
El hombre le dice a su mujer:
¿Sabes amor? Tu siempre has estado conmigo, en las buenas y en las malas. Cuando perdà mi trabajo, ahà estabas conmigo. Cuando perdà todas mis casas y mis negocios, también estabas conmigo. Cuando me dieron un balazo, tambien ahà estabas tú…
El hombre hace una pausa, se acerca a su mujer y le dice en el oÃdo:
¿Sabes qué? ¡Maldita bruja, tú me traes mala suerte!
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El abuelo está en el baño lavando al nietecito.
Abuelo, ¿crees que yo tengo una buena pichurrilla?
Pues verás, no está nada mal para tu edad.
¿Cuánto puede pesar más ó menos, abuelito?
Calculo que unos 150 gramos.
¿Y la de papá? ¿Está bien?
Hombre, tu padre es mayor, con más experiencia, más formado. Tampoco se puede quejar.
¿Y cuánto pesará la suya?.
No sabrÃa decirte. Alrededor de 300 gramos, más o menos.
¿Y la tuya, abuelo, pesa mucho?
Ni te imaginas. ¡Entre tu abuela y yo no podemos levantarla!
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Dos chavos iban por la selva, con sus mochilas de acampar y toda la cosa. Cansados de la larga caminata, se sentaron a descansar y a uno de ellos le picó una serpiente en el miembro, por lo que comienza a gritar y a revolcarse por el suelo.
¿Qué es lo que te pasa?, le pregunta su compañero.
¡Me picó una serpiente en el pito!, responde.
Cálmate dice el otro mientras habla por su radio: ¡Auxilio! ¡Respondan!
¿Qué pasa?, le contestan.
Necesito que me digan los procedimientos para una picadura de serpiente.
Tiene que succionarle en la parte donde le mordió la serpiente, hasta que salga todo el veneno.
¿Qué te dijeron?, pregunta el aquejado.
¡Que te vas a morir!, le dice su amigo.
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Viajaban en avión un cura y una monja; de repente falla el motor y caen en medio del desierto. Comienzan a caminar con la esperanza de encontrar un oasis. Hallan un camello y se suben en él. Pasan las horas, los dÃas y del oasis ¡nada de nada! Por lo que es demasiado para el pobre camello, y éste muere. Entonces el sacerdote repara en la monjita, que a decir verdad no estaba nada mal, y el instrumento se le empieza a poner duro, razón por la cual se acerca a la monjita y le dice:
Mire, aquà nos vamos a morir, nos hemos portado muy bien obedeciendo en todo al Señor, por tal motivo tengo la seguridad de que si cometemos un pecadillo se nos perdonará allá arriba, asà que ¿por qué no fornicamos hasta morir?
¡Cómo cree, padre!
Ãndele, hagámoslo, al fin y al cabo de que nos morimos, nos morimos
Después de no mucho insistir la monja acepta, y le dice el sacerdote, a ver, enséñeme su cosita.
La monja se levanta el hábito y le muestra tremendo mollocoyo, y todo excitado le pregunta, ¿y eso qué es?
¡El paraÃso!, le contesta la religiosa.
Después, la hermana le dice al cura que le muestre lo suyo. El padre inmediatamente se despoja de su investidura y deja ver tremendo animalote, y la monja le pregunta: ¿y eso qué es?
El religioso agarrándose el instrumento con ambas manos responde, ¡esto es la pura vida!
¿Ah s�, ¡Pues métasela al camello a ver si revive!
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Una niña le pregunta a la mamá: ¿Puedo sacar a dar una vuelta a la perra?
Pregúntale a tu padre, porque la perra está en celo y podrÃa ser peligroso.
La niña obedece y le pregunta a su padre, quien responde:
Bueno, pero como la perra está en celo le untamos un poco de gasolina en el lomo para disminuir su olor y no tentar a los perros.
Hecho esto, la niña le coloca la correa a la perra y salen a pasear. A la media hora, la niña regresa con la correa en la mano, y el padre alarmado pregunta por la perra.
Se quedó sin gasolina en la otra cuadra, pero hay un perro muy amable que la trae empujando.
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En una examen de Español de quinto año de primaria, venÃa un ejercicio de antónimos.
Nubia contestó:
Limpio – Sucio. Arriba – Abajo. Chico – Grande. Hablar – Callar; y por último: Salado – Suertudo.
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El marido llega a su casa a las cuatro de la mañana, después de una juerga, y se acerca sigilosamente a la cama. Toma el reloj y lo atrasa cuatro horas, y empieza a desvestirse. Al sentirlo, la mujer se despierta y le reclama:
¿Qué horas de llegar? ¡Vago! ¡Parrandero!
¡Pero si son las 12! ¿Por qué me reclamas? En lugar de eso, deberÃas ser más considerada y traerme un vaso con agua.
La mujer ve que efectivamente son las 12, y se levanta a traer el agua, pero al llegar a la cocina ve en el reloj que son las cuatro y regresa a la recámara hecha una fiera.
¡Mentiroso, borracho! ¡Son las cuatro de la mañana!
¡Es cierto! ¿Cuatro horas para traerme un vaso de agua? ¿Dónde andabas, perdida?
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Los inditos, Chano y MarÃa, son novios y se quedan de ver en la plaza del pueblo.
Transcurre media hora, una hora… y Chano se comienza a desesperar cuando a lo lejos, por la calle empedrada, viene corriendo MarÃa, dando huarachazos en el suelo.
Enfrente de Chano se tropieza dando una tremenda vuelta de campana, y como no traÃa calzones, se le vio hasta la muela del juicio.
Toda apenada, se levanta como resorte diciéndole a Chano:
!Ay Chano, vistes mi agilidá!
Pos sà MarÃa, pero en mi pueblo a eso le llaman jundillo.
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