Dos marroquÃes están pidiendo ayuda en la Puerta del Sol de Madrid. Al llegar la noche y recoger los apechusques (bártulos, trastos, etc.) le pregunta uno a otro:
Oye, ¿cuánto has sacado hoy?
400 pesetas. ¿Y tú?
Yo 400.000 pesetas, dice el primero riéndose. ¿Pero qué es lo que pones en tu cartel?
Tengo mujer y tres hijos y no tengo para comer. ¡Ayúdenme por favor!
El otro le enseña el suyo donde pone:
Me hacen falta 1.000 pesetas para regresarme a Marruecos.
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Un hombre ve un cortejo fúnebre y se da cuenta que el ataúd lo llevan de costado. El se acerca a un conocido que va detrás del ataúd y le pregunta que a quién llevan a enterrar.
A mi suegra, dice el amigo.
¿Y por qué de costado?
Susurrando en voz baja, el amigo le contesta:
Cállate, si la ponemos boca arriba empezará a roncar.
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Dios crea a Adán y a Eva y, cuando ya se iba, se da cuenta que en su Bolsa de Dones le quedaban todavÃa dos por otorgarles. Entonces se regresa y les informa:
Hijos, me han quedado dos dones por otorgarles. El primero es poder orinar parado, ¿quién lo quiere?
Adán, queriendo tomar ventaja (como siempre), levanta la mano exclamando:
¡Yo, yo, por favor! Asà es mejor, podrÃa hacer donde yo quiera, hacer espumita, concursos para ver quién lo llega más lejos. ¡Está buenÃsimo! ¡Por favor, dámelo a mÃ!
Está bien, hijo, cálmate… ¡Concedido!
Y Eva, sumisa y comprensiva (como siempre), se queda esperando el segundo con tal que Adán sea feliz.
Entonces, el Creador exclama:
Y el segundo don es… ¡Tener orgasmos múltiples!
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Un asoleado dÃa, venÃan volando muy alegres un pelÃcano y una gaviota. De pronto, cuando pasaban por sobre un pantano, el pelÃcano se sintió mareado y se precipitó a tierra. Quedó atrapado y le suplicó a la gaviota:
¡Amiga gaviota, ayúdame, sácame de aquÃ, por favor!
Como la gaviota era más pequeña que el pelÃcano tuvo que ingeniárselas para sacarlo. Miró a su alrededor y vio estacionado un Mercedes Benz. Asà es que tomó una cuerda, amarró un extremo al Mercedes y le pasó el otro extremo al pelÃcano. Acto seguido se subió al Mercedes; lo puso en marcha y logró sacar al pelÃcano.
Otro dÃa, venÃan de nuevo ambos volando por sobre el mismo pantano, pero ahora fue la gaviota la que se sintió mareada y se precipitó. Entonces, atrapada, le ruega al pelÃcano:
¡Amigo pelÃcano, ahora te toca a ti salvarme, ayúdame por favor!
Viendo esto, el pelÃcano se lanza decididamente en picada y con su gran pico coge a la gaviota y la saca del pantano.
MORALEJA:
Cuando tienes un pico grande no necesitas un Mercedes Benz.
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Estaba un paisano platicando con su novia. En eso, se fija que la mujer tiene los dedos de los pies demasiado abiertos. Curioso le pregunta:
Oye, MarÃa, ¿por qué tienes asà los dedos?
Es que cuando era niña, éramos demasiado probes y como no tenÃa para guaraches, de tanto caminar en el lodo se me hicieron asÃ.
¿Ah, s� Y también te sentabas mucho en el lodo, ¿verdad?
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Un matrimonio va por la calle y encuentran con un amigo que se dirige al marido:
¡Hola, Paco! ¿Qué tal estás?
Mal, Pedro, tengo un SIDA terrible. El médico me ha dado tres meses de vida.
El amigo se despide rápidamente y se va todo acongojado. La mujer le recrimina al marido:
¡Pero, Paco! ¿Cómo le dices a la gente que tienes SIDA, si lo que tienes en realidad es cáncer de pulmón?
Yo me voy a morir, pero contigo nadie se acuesta…
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Una mujer envió su ropa interior a una lavanderÃa china. Al recogerla, se percata que unas de sus pantaletas aún tenÃa ciertas manchas. En la siguiente ocasión que manda su ropa a la lavanderÃa pone una nota:
Use más jabón en las pantaletas.
DÃas después, cuando recoge su ropa, encuentra una nota del lavandero entre las prendas:
Use más papel en su trasero.
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Manolo llega a la taquilla del cine y en cinco ocasiones compra el mismo boleto. Viendo que es el mismo tipo, el taquillero, entremetido, le cuestiona:
¡Bueno, señor, ya es la quinta vez que compra boleto! ¿Qué le pasa?
¡Coño, con un carajo, es que cada vez que entro me lo rompen!
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Un tipo está cortejando a una mujer en un bar. En cierto punto de la conversación le dice:
¿AceptarÃas hacer el amor conmigo por un millón de dólares?
Después de pensarlo unos segundos, ella responde:
Por un millón sà aceptarÃa.
¿Y por 20 dólares?
¿Qué te pasa?, responde ella indignada, ¿acaso crees que soy una prostituta?
Lo que eres ya quedó claro en la primer pregunta. Ahora sólo es una cuestión de precio…
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Un viernes, después del trabajo, una pareja de novios se dio cita en un café. Después de haber tomado algunos tragos fueron a cenar y decidieron pasar un rato juntos en un hotel.
¿Que pasó entonces en el hotel? Hay dos versiones:
VERSIÓN DE LA NOVIA:
Él estaba de mal humor cuando nos encontramos en el café. Pensé que era porque habÃa llegado algo tarde, sin embargo, no me dijo nada al respecto. De mi peinado nuevo (me habÃa cortado tres dedos el pelo y bajado un tono mi tintura habitual) ni un comentario. No le gustó, pensé, pero no le dije nada. Nuestra conversación era lenta y le propuse que era mejor hablar Ãntimamente en un restaurante. Él aceptó, pero cuando llegamos seguÃa muy serio; traté de hacerlo sonreÃr, pero no hubo efecto. Le pregunté si el problema venÃa de mà y me respondió que no. En el taxi le dije te amo y él me tomó la mano solamente mientras miraba hacia fuera. ¡Dios mÃo, qué le pasa! Ni siquiera me dijo yo también…
Al llegar al hotel pensé que la cosa empeoraba ya que seguÃamos sin hablar. Traté de preguntarle algo y me respondió, creo por compromiso, mientras prendÃa la tele. Luego se metió en el baño. Un poco enfadada me quite la ropa y me metà en la cama mientras pensaba que quizá lo mejor hubiese sido ir a mi casa.
Diez minutos después se subió a la cama y, como lo habÃamos previsto, hicimos el amor, aunque creo que con poca convicción. Pocas caricias y pocos besos… Él parecÃa en otro mundo y yo no querÃa otra cosa que irme a casa inmediatamente; me intrigaba el saber qué le estarÃa pasando y ya comenzaba a dudar de todo… Tal vez habrÃa encontrado otra chica, que sé yo.
Y ahora, estoy aquà en casa, destruida, tratando de ordenar mis ideas y deseando saber cómo seguirán las cosas…
VERSION DEL NOVIO:
DÃa difÃcil en el trabajo… ¡Pero al menos eché mi polvito!
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